jueves, julio 09, 2009

¿Dónde estábamos entonces, cuando tanto lo necesitamos? (que diría aquella canción -cambiando la letra- de El Último)



Lo que son las cosas. Lo invisible que es bello y que nos pasa desapercibido.

En pleno redescubrimiento de la televisión, me cae sobre los ojos una serie que nunca supe si era en plan serio o en plan guasa. Y de veras resulta que la serie en sí es rebuena, o a mí me lo parece.

Pero lo mejor es la historia de las chicas. Pepa y Silvia. Lo admito, que me emociono en seguida, que me basta y me sobra con cinco minutos de gloria de un personaje para hacerme fan. Y así me hago seguidora de Pepa, la tipa andaluza policía que tiene un humor y unos labios que te desencajan el alma entera. Hay que verlo.

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De José Tomás, hablaré otro día. Que Barcelona, en su empeño impostado de ser ciudad antitaurina, no pudo ni con el hombre, ni con el héroe, ni con las 18.000 personas que abarrotaban la plaza. No sé dónde leí que lo que más les fastidiaba es que la fiesta no sea made in Catalunya. Pues mira, que tal vez sea eso.

A mí se me puso un nudo al leer las crónicas. Qué poéticas son las crónicas taurinas. Dignas del mejor análisis sintáctico o retórico.

Pero lo dicho, que del héroe hablaré otro día.



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En fin, regresamos de una playa para marcharnos a otra. No en vano es la primera vez en TODA mi vida que puedo disfrutar de más de dos semanas de vacaciones, como cualquier habitante de este país.

jueves, julio 02, 2009

Casi cinco años escribiendo y siempre vuelvo a los mismos temas, mientras fumo cigarrillos imaginarios y veo cómo saltan las cenizas por la ventana



Un milagro es que un crío se ponga a tocar la guitarra y logre que salga el sol.

Un hecho excepcional es que después de todo este tiempo ella me siga fascinando como la primera vez que nos vimos y yo no pude soportar su manera de mirarme.

martes, junio 30, 2009

Llámame castiza, pero es que yo era más de Marisol que de Michael Jackson (en paz descanse), ya que nos ponemos a enumerar niños artistas...



La letra de Zorongo gitano siempre me ha parecido bellísima. Suele pasar que las canciones populares, esas anónimas que después recopila/descubre alguien son algo increíblemente cercano a pesar del tiempo pasado o la distancia geográfica.

Me hice un poco fan de Marisol desde que aquel verano, en el pueblo, vi un documental sobre su torturada vida. Pero vamos, que no es que yo me ponga sus discos, hasta ahí hemos llegado. Lo que pasa es que esta noche la he recuperado con ese tema perfecto.

Luego me he puesto a ver otras versiones:

La Argentinita con Federico García Lorca al piano, para mí es la mejor o quizás la versión que más me emociona.

Carmen Linares, la flamenca más elegante.

Una versión de Ana Belén que es para matarla porque la destroza, qué rabia me da esta mujer.

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Poco más por hoy. He descubierto que caminar más de una hora con sandalias es lo más incómodo del mundo. He entrado en una iglesia y he puesto una vela. Me he sentido un poco mal recurriendo a la religión para pedir algo que necesito y deseo con toda mi alma. Espero no ser castigada por ello. A veces hago cosas así, de manera irracional.

Mañana me voy a las rebajas porque no tengo pantalones de verano. Aunque no pienso comprar nada sólo por comprar. Adoro los tejanos así que puedo pasar el verano metidita en ellos.

Los tejanos son, para mí, la única prenda de ropa que siempre te queda perfecta.

jueves, junio 25, 2009

(El título es tan largo que no he podido incluirlo aquí, véase el primer párrafo del post)

La señora Blenk me ha regalado mi perfume favorito, puesto que sabía que yo ya no tengo dinero para poder permitírmelo (no ejerzo de víctima de la crisis, no señores, no, simplemente gasto el dinero en otros temas más urgentes)



Las cosas que me sostienen diariamente no son ni demasiado increíbles ni demasiado difíciles de conseguir. Tomarme un mojito con ella en el balcón de casa, poder ver capítulos de los Simpson o escuchar a La Costa Brava. Grandes. Necesarios para llorar de vez en cuando y que no se nos quede el corazón templado sino bien caliente.



Me digo la frase secreta que el profesor suplente Bergstrom le regala a Lisa. Me la escribo en un papelito y me la guardo en un bolsillo.

Este año sólo me voy a regalar ese papel. Perdón, el “sólo” debería eliminarse ya que es prescindible.

Este año me voy a regalar ese papel. Con la frase secreta.

Yo es que soy mucho de frases ocultas, mensajes invisibles y pistas en la ciudad.

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La chica de Toledo me ha llamado para felicitarme y le he dicho que no ambiciono nada más en esta vida. Que todo se quede como está. Me ha emocionado saber que pensó en nosotras y que hay alguien que la cuida a ella.

Y de rebote he pensado en la poca gente que tengo cerca. Poca en cuanto a cantidad pero la calidad es enorme y yo no sabría ni siquiera medirla.

Con decir que en Facebook tengo apenas veinte amigos lo digo todo.

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Hoy han arreglado por fin la tubería que perdía agua y he sentido que se cerraba algo. Como si fuera una cicatriz. Y que hay cosas que se arreglan para que otras se estropeen. Gracias a la fuga de agua, por ejemplo, las plantas que había justo debajo crecían más verdes que el resto; por el efecto aspersor, supongo.

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A mí es que los cumpleaños siempre me han puesto triste. No por el hecho en sí de envejecer sino porque hay gente que tiende a la melancolía o simplemente a quedarse callada.

Nunca fui una tipa de conversación larga. El rollo siempre lo tuve más en el papel en blanco.

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Ahora la duda consiste en deambular conmigo misma o irme a la frutería.

jueves, junio 18, 2009

Las palabras las carga el diablo, casi tanto como las pistolas



Ayer me llamó Lucía para decirme que me había leído y que le había gustado el post. Me hizo mucha ilusión y creo que voy a rezar un poquito cada día –rezos inventados, por supuesto- para que tenga suerte y apuebe el examen del día 27.

Lucía está en la lista de personas que salvaría del planeta.

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Ahora es cuando me entra el miedo escénico y salgo corriendo. Me pongo a Tom Waits y, como siempre, me salva del agujero, de la trampa, del mapa trucado.

Mi madre sigue diciéndome que debo ponerme anti ojeras. Para los que no me conocen –físicamente, quiero decir- soy una tipa muy ojerosa. Pero ojeras genéticas, no de las que salen por no haber dormido o de las penas. A mí esas cremas me parecen como los embellecedores de las puertas, ventanas, etc. Tapan lo realmente importante: los tornillos, los clavos, las juntas con silicona… Además, los embellecedores siempre terminan por desprenderse, al menos así sucede en mi piso.

No quiero ponerme anti ojeras. No quiero negar lo que no tengo ni cómo soy.

Y ahora me voy a preparar un bocata de bacon con queso. Para echarle el cierre al jueves.

martes, junio 16, 2009

Tú y yo -por fin lo sé definir- tenemos una historia cósmica



Y a pesar del paso (o peso) de los años, sigo teniendo las mismas dudas. Las mismas cuestiones sin responder. ¿Por qué Falete es una especie de Antony (el de Antony and the Johnsons), salvando las distancias musicales? ¿Es cierto aquel rumor de que Silke -la divina misteriosa de Tierra- se lió con Rosana? ¿Por qué los fabricantes hacen las fundas tan estrechas que luego es imposible meter dentro los objetos que las contienen? Fundas de paraguas, fundas de camas hinchables, etc. Las fundas sufren y amenazan con romperse.

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Esta tarde, mientras hacía limpieza general de la cocina, sonaba al azar:

Ya no como en el plato del perro,
por las noches vuelvo a tener sueño.

Tengo un podio en mi casa,
soy el primero cuando quiero.


(Aquí una curiosa versión que desconocía, de Nacho Vegas)

Y la canción me ha llevado a pensar en el drama que hemos de pasar una vez que concluye una relación. La pena, la agonía, el perder el sentido en el mundo, el desconfiar de todo y de todos, el creer que nunca podremos volver a viajar a capitales bonitas. Todo eso y mucho más.

Nadie se salva de ello. En algún momento pasamos por ese mal trago, da igual que seas más o menos fuerte, no se salva nadie.

Por suerte, al final, un día cualquiera -de los que no están marcados en el calendario- te levantas y te das cuenta de que la noche anterior ya no cenaste en el plato del perro.

Que como siempre dice mi madre, si las primeras penas duraran estaríamos muertos.